Dime lo que lees/escuchas y te dire como piensas.

El fácil acceso a la información que caracteriza la sociedad actual es una gran riqueza, cierto, pero hay que procurar filtrar lo que nos llega.

¿Quién no ha escuchado la frase? “eso es verdad, lo ha dicho la tele”, como si la televisión fuera un ente infalible, objetivo y fuera de toda influencia económica y/o política. Basta comparar una misma noticia en dos medios diferentes para ver lo esclavos que somos de los medios. Lo malo es que habitualmente no hacemos ese ejercicio.

Es habitual que muchas personas lean siempre el mismo periódico, escuchen siempre la misma radio, vean siempre la misma televisión o escuchen siempre al mismo político. Y lo hacemos porque nos parece que representa nuestros valores, nuestra forma de pensar, y es posible que inicialmente así sea. Pero con ello cerramos la puerta a otras opciones, nos encerramos en nuestro pequeño mundo y poco a poco vamos reafirmando nuestro pensamiento con las informaciones que nos llegan de ese medio, que no es otra que la que queríamos escuchar según nuestra forma de pensar.

Consecuencia de ello, nos radicalizamos y no evolucionamos, no enriquecemos nuestro pensamiento con el contraste de opiniones. Nos hacemos hooligans como en el fútbol y somos de la Cope o de la Ser, del ABC o del País, del PP o del PSOE de la misma forma que somos del Barça o del Madrid. Gran error del que, en alguna medida, muchos no estamos libres.

Quisiera pensar que esta reflexión puede ayudar a quien la lea a replantearse esa actitud, yo prometo ampliar mi dial. Nunca fue tan fácil como hoy acceder a la formación y a la información, la tenemos a un clic en nuestros móviles.

Desarrollemos un espíritu crítico, no creamos lo primero que nos digan, cambiemos de opinión, de radio, de televisión o de partido si es necesario. Con ello demostraremos que somos seres inteligentes capaces de evolucionar desde una posición inicial, que tenemos capacidad de adaptación. Cambiar de opinión cuando los hechos lo justifican es una prueba de honestidad intelectual y de respeto a la verdad. Para ello, nada mejor que escuchar a todo el mundo con respeto, analizar lo que dice y tomar posición, es una opción que solo tenemos las sociedades libres.