No, no tuve la suerte conocer a ninguno de mis abuelos, es la consecuencia de ser el menor de una familia numerosa, cuando yo vine al mundo ellos ya habían partido.

Sin duda eso supone una carencia importante en mi niñez. No porque me faltara cariño que ese sobraba con el de mis padres y mis hermanos mayores para los que fui como un juguete, sino porque el cariño de los abuelos, ahora lo sé, es diferente.

Imagino como serian aquellos besos “ametraladores” de mi abuela en los mofletes o el olor a tierra de las botas de mi abuelo al volver del campo.

Imagino los cuentos que no me contaron mientras buscaba el esquivo sueño en una noche de invierno con la lluvia repicando en los tejados.

Casi puedo ver a mi abuelo con su burro, al alba, camino de la viña, lo veo cortar con delicadeza un racimo de uvas que llevaría de vuelta a casa para “el niño”.

Me imagino agarrado al mandil de mi abuela para esquivar la regañina de mi madre por aquella travesura.

Me imagino con mi abuelo en el campo en un día de tormenta, huele a tierra mojada, él me protege con su chaqueta de pana negra, luego, en el chozo, me cuenta historias al amor de la lumbre.

Imagino el enfado de la abuela al descubrir aquella maceta rota en el patio de la casa, fruto de un derbi local entre el equipo de mi abuelo y el mío, culpa que nunca reconoceríamos, claro.

Imagino los consejos de mi abuela cuando empecé a salir con aquella chica en mi adolescencia.

Todo eso y mucho más lo imagino porque no lo pude vivir.

Por eso hoy, que soy abuelo, sé que tuve esa carencia en mi niñez, pero fue inevitable, fue  ley de vida.

Quien tiene un abuelo tiene un tesoro, en nuestros días como hace un siglo.

La relación con los abuelos es una experiencia de vida inigualable para los nietos, basada simplemente en el amor.

Quizás en nuestra etapa anterior, al ejercer como padres, no somos conscientes de la importancia de esta relación. A veces la distancia, a veces el exceso de trabajo, las rutinas o simplemente el egoísmo, nos hace privar a los niños del contacto con los abuelos, de vivir historias como las que yo, solo imagino, pero que son muy reales para muchos nietos.

Los padres en general quieren lo mejor para sus hijos, pero no siempre son conscientes del valor positivo que la relación con los abuelos les puede deparar como fuente de sabiduría amor y apoyo emocional.

Ojalá que ningún niño al que la ley de vida no les prive de ello tenga que decir nunca:

 Es responsabilidad de los padres que esto no pase.

 Por ello, te invito a valorar y crear momentos con tus seres queridos, a fortalecer esos lazos familiares que perduran en el tiempo. No esperes más, ¡haz que cada día cuente!

 #Recuerdos #Aprendizaje