Memorias de un crio
Es maravilloso el mundo de las hormigas, su organización social su forma de trabajar, su relación con otras especies como por ejemplo los pulgones a los que cuidan cómo si de su vaca lechera se tratara, los pulgones a cambio le ofrecen su rica melaza expulsado a través de sus sifones, es una clara asociación donde ambas especies ganan, algo parecido ocurre entre las hormigas y las cochinillas de los cítricos, incluso ocurre con algunas orugas a las que las hormigas protegen de sus predadores a cambio de sus exudados
Me encuentro con las hormigas a diario en mi huerto, donde no son bienvenidas fundamentalmente en base a su estrategia asociativa.
Pero no solo por eso, cuando practíco la dura tarea de eliminar las malas hierbas de mi huerto, ellas, con un claro sentido territorial, suben por mis piernas y las muerden discutiéndome la propiedad de aquel terreno, discusión que, es sabido, ganarán ellas. Cuando yo ya me haya ido ellas seguirán allí sabedoras de que la naturaleza no otorga títulos de propiedad al estilo de los humanos, ellas continuarán haciendo largos caminos hasta su hormiguero, acarreando incansables los víveres para el largo invierno, sin preguntar de quien es la tierra.
Mi relación con las hormigas
Mi relación con las hormigas viene de antiguo, cuando era niño, en el campo ya sabía de su existencia. Recuerdo ahora una anécdota vivida en mi niñez.
Pasó hace ya mucho tiempo, tantos que me parece imposible que aun pueda recordar casi cada brizna de hierba, el color del árbol, el movimiento de la lagartija la sensación, no de calor sino de calidez de aquel momento.
No tendría yo más allá de 6 años, estaba en el campo, a la puerta de la “choza” que mi padre había construido con bloques de barro, si si , con bloques de barro mezclado con paja y mierda de vaca, algo que hoy nos suena a construcción de los pigmeos o de indios perdidos en el amazonas, pues así era la casa que servía de refugio en la parcela, años después se construiría ya otra más moderna con bloques de hormigón y teja de la buena
Estaba yo solo, mi padre y mis hermanos estarían trabajando en el campo, supongo yo, eso no lo recuerdo, pero si recuerdo el árbol que crecía a la puerta, con unos pinchos que me parecían espadas enormes, seguramente no lo eran tanto, pero el tamaño de las cosas para un niño de seis años es muy diferente que para los adultos.
Estaba sentado en el suelo, en la tierra, había escarbado un agujero en el suelo arenoso. Cerca recorrían su camino de ida y vuelta constantemente a su nido un grupo de hormigas. Con un palito hice que una de ellas llegara hasta el fondo de mi agujero, la hormiga inmediatamente trató de salir escalando la pared casi vertical y arenosa, como es natural no podía. Cada vez que sus patas trataban de subir, la arena de la pared se derrumbaba y la llevaba de nuevo de vuelta al agujero. Yo tenía todo el tiempo del mundo para observar los movimientos de aquella obrera afanosa.
Lo que sentí
En aquel momento yo era dueño de su futuro, estaba n mi mano retenerla o liberarla, me sentía poderoso. No sabría decir cuánto tiempo duró aquella escena, el tiempo y el espacio para los niño tiene otra medida, pero siempre que la recuerdo me produce una paz y una relajación inmensa. De pronto por el tronco del árbol, empezó a subir una lagartija, pequeña, verde, vivaracha, con un rabo que tenía vida propia, lo había comprobado en otras ocasiones con otras lagartijas, volvió a bajar y se coló en uno de los muchos agujeros que tenía la pared de la choza, entonces mi atención volvió a la hormiga y su intento de fuga. Cuando consideré que había hecho el esfuerzo suficiente le ofrecí de nuevo el palito y la libertad, ella volvió al instante a la formación militar que no había cesado, camino del hormiguero. Sentí la felicidad de la hormiga al recobrar su libertad.
Mi atención volvió entonces al árbol, un pájaro, no sabía yo entonces los nombres de los pájaros, llegó con un saltamontes en el pico, se lo va a comer, pensé. pero no. Para mi sorpresa el pájaro en un movimiento rapidísimo insertó el saltamontes en una de aquellas espadas, en una rama y voló.
Si alguien hubiera observado mi cara en aquel momento estoy seguro que la definiría como de sorpresa. Tardé en comprender el sentido de aquella acción. Supongo, no tuve la constancia o la ocasión de comprobarlo que cuando apretó el hambre volvió a por él o lo llevó a su nido para dar de comer a su prole.
El campo, la naturaleza, es una gran escuela de vida, basta observarla para saber que en cada rincón nos espera una clase magistral.
Hoy a mis 67 años sigo aprendiendo de las hormigas, los pájaros o las lagartijas a la vez que aprendo con la Inteligencia artificial.
Gran reto el de las nuevas generaciones compatibilizar estas dos universidades
#Recuerdos #Aprendizaje
Me encanta. Los recuerdos infantiles suelen ser de los aprendizajes que tuvimos directamente con la naturaleza, porque la naturaleza estaba ahí mismo y nosotros no teníamos nada más y nada menos que ella para jugar es lo que ocurre con la pobreza.
Me encanta este anecdotario de infancia que cuentas de una manera tan bella, la mirada sensible y abierta al mundo natural de ese niño. Ojalá el relato tenga nuevas entregas de las aventuras de ese niño. Me encanta leerlas 😉
Muy bonita istoria y además verifica. Recuerdo como mirntras los mayores hacíamos las labores del campo te dejábamos rodeado de cajas de corchero vacias y ayi te divertias jugueteando e imbentando
Istorieas que solías esplicar en voz alta aún estando solo pero tienes otra istoria con otra ormiga pero está ormiga parecía jigante tú tendrías unos Dos años más o menos y si lo recuerdas será quizás por comentarios estabas muy cerca de donde estabas en la istoria que acabas de contar yo estava alimentando a las vacas en aquella cuadra que construyó nuestro padre bastante después de esa casa que as mencionado. Y en la que hacolablramos nuestros hermanos mayores y yo de peón también ayude algo pues como te digo yo estaba alimentando a las vacas y de pronto te hoy gritar me pita ATI me pita ATI sesalando donde las partes íntimas
Entonces fuy corriendo a ver qué te y al bajarte el pantallncito vi a la ormiga cabezona como te mordía.en el me costó tanto soltartela que tuve que separarle el cuerpo de la cabeza gracias por estas istorieas tenemos tantas saludos
Si, esa es otra historia de hormigas que tiene varios versos dedicados por ti y por mi pero no es políticamente correcto publicar aquí.
Muy interesante,