Un cuento para niños que deberían leer los adultos
La cocina estaba en silencio, la familia se había retirado a la salita, unos leían, otros veían la televisión, otros se entretenían navegando por internet. Dentro de poco se irían a la cama. La madre, como de costumbre, daría una vuelta por toda la casa, asegurando puertas comprobando que los electrodomésticos estaban apagados, y toda una lista de cosas qué repetía cada noche mecánicamente
Eran algo menos de las once de la noche, en ese momento el reloj de pared de la cocina dijo:
— Pronto se irán a dormir por qué ya son las once.
—Aún no lo son respondió el reloj del horno.
—Si que lo son repitió el de pared, ya te he dicho muchas veces que vas retrasado, cuando el reloj de la iglesia da las campanadas, a ti aún te faltan varios minutos.
Entonces se oyó una voz que provenía de la encimera de la cocina.
—Los dos vais mal, uno adelantado y otro retrasado, aquí el único que marca bien la hora soy yo.
—¿Quién a dicho eso? Se interesó el reloj del horno.
—He sido yo, el reloj del movil de Marta, la madre de familia, los móviles siempre marcamos la hora exacta. Además, yo soy el reloj más importante para esta familia
—No seas presumido, le respondió el reloj de pared, cada uno cumplimos una función, tu haces tu trabajo y nosotros el nuestro. ¿Y que es eso de que los móviles marcáis la hora exacta?
—Pues es muy simple, nosotros estamos conectados a un servidor telefónico y a un servidor de internet que a su vez están conectados a los relojes atómicos que marcan la hora oficial, Así que siempre marcamos la hora del país.
En cambio, vosotros, tenéis unos mecanismos mecánicos o eléctricos mucho menos exactos y fiables. Por ejemplo, tu reloj de pared funcionas con pilas y cuando se agotan, te paras y te han de poner de nuevo en hora.
Y a ti, reloj de horno, te ocurre lo mismo cuando se va la luz.
En cambio, yo aunque se agote mi batería, cuando me recargan vuelvo a marcar la hora oficial porque me sincronizo con mis servidores.
—Bueno— dijo el de pared— eso es solo una diferencia técnica y no por eso eres mas importante que los demás,
—Claro que lo soy—insistió el movil—ya veréis como antes de irse a la cama, la mamá viene a buscarme, dormiré en su mesilla y la despertaré por la mañana. Luego la acompañaré todo el día y marcaré su horario.
No había terminado de decir eso cuando Marta encendió la luz, revisó los electrodomésticos, las puertas, las ventanas, cogió su movil, apagó la luz y salió en dirección al dormitorio.
Cuando salía por la puerta se vio al reloj del movil guiñar un ojo a sus dos colegas, como diciendo ¿lo veis?
Marta conectó su movil a la red para que cargara su batería y se durmió.
Durante la noche hubo una enorme tormenta que suspendió el suministro eléctrico, así que el movil agotó su batería y la alarma no sonó.
A las ocho el reloj de pared hizo sonar su campana, despertando a Marta, que sorprendida, despertó al resto de la familia y pudieron llegar a tiempo a sus trabajos y clases.
Al mediodía, mientras almorzaban, Marta comentó a toda la familia que gracias al reloj de pared habían salvado a la situación.
Este, orgulloso de haber realizado bien su trabajo, guiño el ojo al reloj del horno, mientras el del movil se ponía colorado. Desde entonces, el móvil ya no volvió a presumir, y comprendió que, aunque él fuese moderno y preciso, el reloj de pared tenía un valor que no se mide en tecnología, sino en constancia.
Moraleja: en la vida, cada cual tiene su misión, y hasta los más humildes pueden volverse imprescindible.
#Aprendizaje