Un viaje al corazón de la infancia
Chanchisquin había llegado al campo en la bicicleta de su padre subido en la parte de atrás, con los pies metidos en las aguaderas.
Era poco antes del mediodía, con un sol de justicia de un verano que comenzaba en la vega baja del guadiana. Su padre le había dicho
-¿quieres venir conmigo a regar el maíz?
Y la propuesta le pareció irrechazable, el campo le atraía, le gustaba el olor de las vacas, le gustaban los espacios abiertos, ver fluir el agua por el canal de riego bañarse con sus hermanos en la acequia.
Aquel mundo era un mundo de libertad donde todos los sentidos se sentían vivos. Había pájaros, lagartijas y toda clase de bichos que llamaban su atención.
-Si, claro-
Respondió al momento y salto a la parte de atrás de la bicicleta.
-Mete los pies aquí y no los saques –
Le había dicho su progenitor indicándole las aguaderas que colgaban del sillín trasero de su bici.
El camino no era largo, salir por la calzada romana, girar a la derecha hasta llegar al arroyo de la teja otra vez a la derecha y bordeando el arroyo hasta un pequeño repecho a la izquierda y ya estaban, poco más de 2 km.
Agarrado a la cintura de su padre, Chanahisquin vio pasar los campos sembrados de alfalfa, tomates, pimientos, algún rastrojo de trigo ya cosechado…, cultivos que, a sus escasos siete años, ya distinguía a la perfección. Estaba ansioso por llegar ¿Cómo seria eso de regar el maíz? ¿estaría ya muy grande? La última vez que lo vio las cañas ya le superaban en altura, ahora, en su imaginación, sería como un bosque. Que guay seria recorrerlo mientras el agua fresca mojaba sus pies.
Llegaron al centro de la parcela donde se había construido una pequeña cuadra para la yegua y las vacas, allí se bajaron de la bicicleta que quedó aparcada a la sombra de una higuera cercana, el sol ya caía a plomo sobre la vega.
-Voy a abrir la boquera de arriba, no te muevas de aquí –
La orden era clara y Chanahisquin estaba dispuesto a cumplirla, pero la curiosidad de un niño no tiene limites.
Llevaba ya un rato esperando cuando el relincho de la yegua despertó su curiosidad y bordeando el espacio dedicado a las vacas se acercó a la alfalfa cercana donde la yegua saciaba su hambre comiendo como si no hubiera un mañana. Se acercó un poco y cuando el animal levantó la cabeza y lo miró fijamente, corrió hacia atrás temeroso, era mucho animal para su corta edad.
Tropezó y casi se cae al saltar la reguera que su padre había dispuesto para regar el maíz, un hilo de agua comenzaba a correr por la misma, señal de la boquera de arriba había sido abierta.
Se quitó las sandalias y metió los pies en el agua, le pareció fría, pero al poco tiempo la sensación fue muy agradable. El caudal, poco a poco subía, el agua ya cubría sus tobillos-
Hasta donde llegará este rio, comenzó a trabajar su imaginación, y se puso a caminar siguiendo la corriente del agua. Unos metros mas allá el “rio” giraba bruscamente a la izquierda y se internaba en el “bosque” de maíz.
-penetraré en el bosque a ver que me encuentro, ¿quizás un tesoro?-
El agua ya llenaba la reguera hasta el borde, mojando sus rodillas.
Navegó por ese ancho rio hasta que, de nuevo la corriente giró ,esta vez a la derecha y se dividió en cinco ríos mas pequeños que circulaban entre los surcos del maíz.
-¿Ahora qué?- se preguntó
-Que rio lleva al tesoro-
El del medio, decidió, y se lanzó por él.
Del cielo caía una lluvia fina que le picaba en el cuello, que eso era para él el polen desprendido de las banderas del maíz, poco después la lluvia se transformó en bombas que un grupo de piratas le lanzaba desde los ríos cercanos para impedirle coronar con éxito su aventura.
La cosa se ponía fea, aquellas bombas picaban mucho y estaban penetrando por dentro del cuello de su camisa, el calor era insoportable, decidió correr y entonces mil cuchillas, en forma de hojas de maíz, cortaron sus brazos y sus piernas. Nunca había sentido esa sensación, la aventura ya no era de su agrado.
Pero las desgracias nunca vienen solas, la carrera terminó tropezando contra la costa y cayendo de bruces en tierra seca, el rio se había terminado.
Se levantó y corrió un poco más sobre la tierra polvorienta, llego otro pequeño obstáculo de tierra, se paró, miró a su alrededor y solo vio cañas y más cañas.
¿Cómo había llegado hasta allí?
Y lo peor como salir de aquel bosque que ahora le parecía amenazante, sudaba copiosamente le picaba todo el cuerpo. Las incipientes mazorcas parecían cabezas de serpiente. De sus bocas salía una lengua rubia qué se transformaba en cabellera según las mirara.
Consciente de que correr no era la solución se movió en varias direcciones sin rumbo tratando de encontrar la salida, entonces tuvo una idea si el agua me ha traído aquí , siguiendo el cauce del agua hacia atrás puedo volver, mi padre me estará buscando, ¿pero dónde está ahora el agua.?
Buscó y buscó, pero no encontró la preciada agua.
Estaba angustiado, ¿se habría ido tan lejos que su padre no podría escucharlo?,
Decidió probar y lanzo un Papaaaaa con todas sus fuerzas, nada no hubo respuesta.
Estaba desesperado tenía ganas de llorar
No fue hasta el tercer intento que escucho no demasiado lejos ¿ Chanchisquin
Donde estas?
Aquí aquí repitió sin cesar, sintiendo ya cercano su rescate.
No te muevas de donde estas y sigue llamándome.
Pocos minutos después vio moverse las cañas del maíz y aparecer a su padre, con su bigotillo característico, con su sombrero de paja y con una sonrisa de oreja a oreja.
¿te has perdido he?
Ya te dije que no te movieras, se te emplea.
Y tomando lo de la mano lo sacó del maizal y lo llevó al canal para que se bañara en él y se quitara todo el polen de maíz que tanto le picaba.
A la vuelta le contó a su madre y sus hermanos su aventura que nunca ha olvidado ,prueba de ello es que hoy mismo, cincuenta años después, y a la orilla de donde estuvo aquel maizal y la cuadra de las vacas ,él propio Francisco me lo ha contado.
Quizás me he permitido alguna licencia poética pero el caso es real y ha quedado grabado en la memoria de aquel niño pequeño que empezaba a conocer la realidad ,la hermosuras y la dureza del campo.
#Valores #Recuerdos #Aprendizaje
Muy bueno Serafín,me ha encantado.👏👏👏
Bonito relato y bonito regalo, que me lleva a historias vividas muy parecidas y que hoy con el paso de los años las dulcificamos y añoramos, es natural. Muchas gracias
Bonita y entrañable historia que nos recuerda los momentos vividos de niños en los campos de cultivo con familia y amigos.