Por fin llegó el final del curso escolar. La clase se dividía entre los que estaban muy contentos por la llegada de las vacaciones y los que lo estaban, pero algo menos, porque pasarían un tiempo sin ver a sus amigos y eso no les gustaba. Aun así, todos estaban expectantes ante la preparación de la fiesta de fin de curso.
La profesora les había encargado decorar el escenario donde tendría lugar la celebración.
—Tenéis una caja de rotuladores de colores y unas láminas de papel —les dijo—. El tema es libre. Adelante.
Sin pensarlo ni un segundo, todos se abalanzaron sobre los rotuladores y las láminas. Pronto la clase se llenó de los más diversos dibujos: un sol radiante en amarillo, una mariposa azul, una rosa roja, un perro verde, un caballo negro… Cada niño dibujaba algo distinto con un rotulador diferente
De repente, Juanito gritó:
—¡Vaya birria! Un perro verde, Candela. ¡No hay perros
verdes!
Candela, que daba los últimos toques a su dibujo, levantó
la vista con seriedad, buscando aprobación entre sus
compañeros. Pero solo encontró risas cómplices de Juanito
y algún comentario más:
—Eso, no hay perros verdes. ¡Y es muy feo!
—¡Ja, ja, ja! ¡Un perro verde!
Fue entonces cuando la señorita Mari Loli intervino.
Dio unas palmadas para llamar la atención y dijo:
—A ver, niños. Cuando dibujamos, a veces copiamos la
realidad que vemos, pero otras veces llevamos al papel
nuestros sueños, nuestros sentimientos o nuestras
ilusiones. Con los ojos de la imaginación podemos ver lo que
queramos: un caballo que vuela, una vaca que silba y, ¿por
qué no?, un perro verde.
Si Candela lo ha imaginado verde, bien está que sea verde.
Cada uno ve el mundo de una manera diferente.
Y cuando juntemos todas las láminas en el escenario, nos
gustará que sea colorido. ¿Os imagináis que todas fueran
azules o todas rojas? ¿No sería muy aburrido?
Las diferencias nos enriquecen a todos. Así que, venga, id
terminando vuestros dibujos.
Entonces, Juanito se acercó a Candela, que aún estaba un
poco sorprendida, y le dijo:
—Candela, me gusta tu perro verde. ¿Quieres que te ayude
a terminarlo? ¿Le ponemos los ojos azules?
—Vale —respondió Candela, ya sonriendo—. Como
quieras.
Va a ser un perro muy chulo. Es mi perro.
FIN